Tengo ganas de gritar, de llorar, de reír, de llamarte con mi propio cuerpo, de esconderme y renacer, de abrazarte, de llorarte, de olvidarme, de perderme y encontrarte.
Tengo ganas de asomarme a la ventana
de unos ojos que no esquiven
la mirada en el espejo.
Tengo ganas de ser yo.
Ni volver al pasado ni ser ancla en el vacío.
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sábado, 2 de febrero de 2013
martes, 7 de agosto de 2012
El plan (¿im?) perfecto
Recogerte temprano
si el tren no llega con retraso,
morderme las uñas
mientras te espero
y andar de un lado a otro
como disimulando.
En estas fechas
todo el mundo espera a alguien.
Meterme en tu maleta
y esconderme tan solo tres días más,
no pensar en el pasado
y mucho menos en el futuro.
Dormir hasta la guardia.
Tan sólo silencio. Abrazo.
De vuelta siesta larga y picnic en la playa.
O a la inversa.
El orden de factores no altera el producto.
Dormir a pierna suelta
y detener el puto reloj
- sin que se escapara lágrima alguna
y a pedir de tu-mi boca,
con los ojos abiertos,
frente a frente
como cuando hubiera sido posible
sin hacerlo súplica malentendida -
El domingo, cual día del Señor,
descanso y visita al desierto
en el que dicen se convierte una gran urbe
en pleno agosto.
De la mano. Simulando ser felices,
y no haber roto nunca un plato.
Cada cual entiende la amistad
a su manera -incluso sin perdonarnos-
Y vuelta a la rutina
tras la noche más larga posible,
tras anclarte a mis entrañas
para beber de la fuente de la vida,
tras confesarnos las verdades
y aferrarnos a la cruda realidad
de sabernos una y una
cada cual en su desgracia.
Que como dice Ismael Serrano
nunca me gustaron las despedidas.
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